DAVID

Alex Rojas

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—Hoy ha puesto Dios en tus manos a tu enemigo —le dijo Abisay a David—. Déjame matarlo. De un solo golpe de lanza lo dejaré clavado en el suelo. ¡Y no tendré que rematarlo!

—¡No lo mates! —exclamó David—. ¿Quién puede impunemente alzar la mano contra el ungido del Señor? Y añadió: —Tan cierto como que el Señor vive, que él mismo lo herirá. O le llegará la hora de morir, o caerá en batalla.  En cuanto a mí, ¡que el Señor me libre de alzar la mano contra su ungido! Solo toma la lanza y el jarro de agua que están a su cabecera, y vámonos de aquí”.

1 Samuel 26: 8-10

Todos conocemos al rey David en la Biblia como el guerrero, el salmista, el pastor, o el rey. Pero hoy estudiaremos a David “el conquistador”. Específicamente, hablemos del momento de su vida, cuando estuvo huyendo del rey Saúl y cómo estos episodios, le enseñaron a conquistar. Todo comenzó con David vs. Goliat; tal fue su fama al vencer, que cuando la gente escuchaba de su valor, lo vislumbraban luciendo el título de rey sobre Israel. La gente cantaba que “Saúl mataba a miles, pero David a diez miles”; ya nuestro protagonista había conquistado al pueblo, antes que a la corona. Más adelante en su historia, cuando Saúl lo estaba “cazando”, hubo dos momentos donde nuestro personaje tuvo la oportunidad de matar al rey Saúl, sin embargo, no levantó su mano contra “el ungido de Dios”, pues entendió que eso no estaba en su poder; no era su decisión, sino que era de Dios. David tampoco era el perfecto, observamos en su historia que él experimentó el peso del pecado, pero que también confesó, se arrepintió, y Dios lo perdonó. El mensaje recurrente en su historia, es que hay muchas maneras de conquistar, pero la principal es ESCUCHAR A DIOS, o mejor, RELACIONARSE CON ÉL día a día. Por encima de las influencias o tendencias del momento, que la voz de Dios sea suficiente, marque la paute y nos enfoque. No solamente eso, también que nuestro corazón esté preparado para la conquista. Si David se hubiese enredado en su propio ego, ira, fácilmente hubiese fallado, pero él reconociendo quién estaba al control y quién era su rey (Dios) no se desenfocó.

 

Oración: Hoy quiero elegirte, por encima de los pronósticos, las tradiciones, la cultura, los hábitos; que tu voz me guíe, que tus respuestas sean cada vez más claras a mis oídos y que yo esté presto a obedecer de manera inmediata ¡Gracias porque siempre tienes una respuesta y es justamente la que yo necesito!

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