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GRUPOS

De Conexión

BIENVENIDOS A GRUPOS DE CONEXIÓN

GRUPOS DE CONEXIÓN

Un lugar donde tu perteneces.
Dios no quiere que camines solo por la vida.
El creo a la iglesia para ser una familia – Su familia –
Un lugar donde tu perteneces.

Líder Día Hora Enfoque Lugar
Leticia Ahumada Viernes 7:00 p.m Mujeres 10800 NW 88th Ter
Unit 103, Doral, FL 33178
Diana Barberi Jueves 6:00 p.m Mujeres 8411 NW 74 St
Miami, FL 33166
Yolima Rodriguez Jueves 7:00 p.m Mujeres Presenciaviva
Diana Botero Viernes 10:30 a.m Mujeres 12352 SW 124th Ct
Miami, FL 33186
Susan Hernandez Lunes 7:30 p.m Mujeres 10825 N.W 51 Street trail Doral FL, 33178
Lauren Pedraza Martes 7:30 p.m Mujeres 9250 SW 64 St, Miami FL,33012
Cristina Cardona Lunes 7:00 p.m Mujeres 2415 Centergate Dr Unit 101 Miramar FL, 33025
Nery Liboy Lunes 7:00 p.m Mujeres 1910 W 56 St
Hialeah, FL 33012
Fernando López Lunes 7:30 p.m Hombres Presencia viva
Cesar Botero Lunes 7:00 p.m Hombres Presencia viva
Julio Barberi Martes 7:00 p.m Hombres 8411 NW 74 St
Miami, FL 33166
Jaime y Adriana Garcia Jueves 7:30 p.m Parejas Presencia viva
Juan Donado y Laura Restrepo Martes 7:30 p.m Jóvenes adultos 2640 NW 84th Ave #103, Doral, Fl. 33122
Paola Y Sebastián Herrera 4ta semana del mes 11:00 a.m Parejas jóvenes 12959 SW 133 terrace Miami FL, 33186
Tony Y Gina Pagan Martes 7:30 p.m Parejas 14816 SW 28 lane, Miami FL, 33185
Jorge y Dee Garcia Martes 7:30 p.m Parejas 4754 NW 107 Ave #903 Doral FL, 33178 Code. 059
Harwis Y Gelen Fernández Jueves 7:30 p.m Parejas 8023 Lake Drive #105 Doral FL, 33166
Orlando Rodríguez Lunes 7:30 p.m Hombres 1095 E 4 Ave Suite A Hialeah FL, 33010

El objetivo de unirte a un grupo de conexión es crecer en tu caminar con Jesus alrededor de personas que te pueden apoyar a tomar tus próximos pasos. Creemos que la vida es mejor cuando vives en comunidad. Queremos ayudarte a encontrar tu mejor lugar.

Día 4: La verdadera santidad - Vivian Guerra-Benard

Quiero compartiles la historia de Ana, una señora casada con un hombre dedicado al comercio de calzado en la ciudad y sus aldeas vecinas. Ella y su esposo procrearon 4 hijos, dos varones y dos niñas. Uno de los tantos días en los cuales el esposo salía a vender su mercancía a las aldeas cercanas, fue victima de un robo en donde lo hirieron gravemente y falleció. Para aquel momento el hijo mayor de Ana tenía 5 años de edad y el menor estaba en su vientre pues estaba a pocos meses de dar a luz.

Enfrentando la vida sola, desamparada, sin un padre para sus hijos y una enorme responsabilidad sobre sus espaldas, buscó refugio en Dios, cultivando una vida de oración, lectura de la Palabra  y congregándose cuando podía en la Iglesia de la localidad.

 Sus hijos crecieron viendo a su madre esforzándose para obtener el sustento diario y lo indispensable para crecer con decoro.  Ana sabía leer y escribir, era muy inteligente, disciplinada, brillante y talentosa.

Pasaron los años y Ana no volvió a casarse, sus hijos fueron creciendo; cuando el mayor de ellos, Luis, estaba en su último año de la Escuela primaria, a los 12 años, entró en una etapa de rebeldía y habló con su madre para decirle que no quería continuar asistiendo a la escuela. Esto fue para Ana un tiempo muy difícil, porque ella amaba mucho a sus hijos, se dedicó a ellos, velando por su bienestar, educándolos, guiándoles y cuidándoles en todo aspecto.

Sin una figura paterna en el hogar, ella debía actuar con amor y severidad con su hijo Luis, como una mujer temerosa de Dios y consciente del gran riesgo que corría su hijo si ella no manejaba la situacioón con sabiduría. Tomó entonces la decisión de buscar ayuda en las autoridades locales; le pidió a la policía con dolor en su corazón que por favor llevaran a su hijo al cantón policial, lo mantuvieran resguardado por el tiempo que faltaba para terminar el año escolar. Así sucedió, Luis iba de la celda policial escoltado a la escuela.

Mientras tanto Ana se refugiaba en en la Biblia, como dice en Isaías 57:15: “Porque lo dice el excelso y sublime, el que vive para siempre, cuyo nombre es santo: “Yo habito en un lugar santo y sublime, pero también con el contrito y humilde de espíritu, para reanimar el espíritu de los humildes y alentar el corazón de los quebrantados”.

En este versículo de Isaías encontramos que la Santidad de Dios se manifiesta a la vez en Su Justicia y en Su amor. Su justicia obliga a castigar al pecador; pero es inseparable de Su amor, que desea salvarlo. (Oseas 11:9). Una justicia sin amor no sería santa; no lo es la justicia implacable de un tribunal. Pero un amor sin justicia tampoco es Santo; no lo es el amor sin severidad de una madre débil.

Al pasar de los años los hijos de Ana crecieron, maduraron, se hicieron adultos, terminaron cada uno sus estudios, culminaron una carrera, se casaron y procrearon sus hijos.

Ana, vio con satisfacción el fruto de una vida de esfuerzos, dedicación, desafíos, aciertos y desaciertos que le permitieron mantenerse tomada de la mano de Dios, creyendo con fe en Su fidelidad. Cultivó su vida espiritual tomando tiempo para la oración todas las mañanas. Esto lo hizo un hábito diario, de lo cual tomaron ejemplo sus hijos, sus nietos, 17 en total. Los años pasaron y ella tomaba tiempo para visitar los hogares de sus hijos y enseñar a sus nietos labores de casa, costura, la oración y lectura de la Biblia.

Ana, una mujer que hizo del Señor su esposo, su amigo, el padre de sus hijos, su confidente, su refugio. Se apartó para Dios y modeló el Amor, la santidad y temor al Señor.  No se aisló de las demás personas, tampoco aisló a sus hijos, pues ellos siguieron las mismas costumbres sociales pero distinguiéndose por una dinámica de transformación interior que se expresa en el amor a los demás y en un compromiso de hacer lo que era justo y bueno. Yo puedo dar testimonio de ello pues Ana es mi abuela y Luis es mi padre.

El apóstol Pedro en su primera carta, capítulo 1 versículo 15, dice que urge a los creyentes hacer lo siguiente, “Mas bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó, pues está escrito: “Sean santos, porque yo soy santo’’.”

La Santidad de Dios, de la que depende la nuestra, es una combinación de justicia y pureza absoluta con un infinito amor. Esto nos permite constatar que la suprema manifestación de la santidad de Dios viene a ser la muerte expiatoria, la que nos limpia, la de Su Hijo. La Cruz del Calvario es la sublime expresión de la unidad manifestada entre Su severa justicia y Su Amor Redentor.

La santidad es la meta y el propósito de la elección de los creyentes en Cristo (Efesios 1:14). Se logra mediante el Espíritu de Dios que limpia el alma del pecado, renueva al creyente a la imagen de Cristo y lo capacita mediante una infusión de Su gracia para obedecer a Dios conforme a Su Palabra.

En la historia de Ana, pudimos reconocer que es posible ser santos y tener una vida de autodisciplina, una vida de oración y lectura de la Palabra de Dios que impacte la vida de tu familia primeramente, participando de una comunidad cristiana y así continuar creciendo a la estatura del varón perfecto, que es Cristo.

Oremos:

Amado Dios, hoy entendemos que es posible ser santos como tú, que solo se necesita un corazón dispuesto a buscarte y a querer ser como tú. Que mi anhelo sea siempre estar en tu presencia porque allí es donde encontraré todo lo que necesito para vivir la vida que tú pensaste para mí. Oramos en el nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesucristo, con la unción del Espíritu Santo. Amén.  

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Transmisión ONLINE domingos 10:00 a.m y 12:00 p.m