JOSÉ, EL SOÑADOR

Carlos García

Director de producción PV

Cierto día José tuvo un sueño y, cuando se lo contó a sus hermanos, estos le tuvieron más odio todavía, pues les dijo: —Préstenme atención, que les voy a contar lo que he soñado.  Resulta que estábamos todos nosotros en el campo atando gavillas. De pronto, mi gavilla se levantó y quedó erguida, mientras que las de ustedes se juntaron alrededor de la mía y le hicieron reverencias.

Sus hermanos replicaron: —¿De veras crees que vas a reinar sobre nosotros, y que nos vas a someter?

Y lo odiaron aún más por los sueños que él les contaba”. Génesis 37:5-8

Una vez escuché a un renombrado hombre de Dios decir lo siguiente: “Sueña… porque los sueños son el idioma de Dios”. Quedé impactado por ese pensamiento y de una vez, vino a mi mente José, “El soñador”, ese joven de diecisiete años que aparece en la Biblia a partir de Génesis 37. 

 

Él tuvo un sueño, proveniente de Dios por supuesto, mas lo que me impacta, es que, aun conociendo su cultura y costumbres, tuvo la valentía de contarlo. Sí…conquistó sus temores. Quizás otros, se lo hubiesen callado. De hecho, he escuchado a algunos decir, que lo sucedido con José, nos enseña que “no debemos contar nuestros sueños, o por lo menos no a todo el mundo y que por eso José se metió en problemas”. 

Te invito a meditar en lo siguiente: José conquistó (superó) esa sensación de fracaso, esa misma que tú y yo experimentamos, que nos deja mudos, evitando que esas declaraciones llegan a los oídos de aquellos que pueden aportar para el cumplimiento de esos sueños. Sus hermanos lo escucharon y lo vendieron a unos ismaelitas, quienes lo entregaron a Potifar; bajo su dominio, aprendió a administrar y seguramente el nuevo idioma; luego fue a la cárcel y allí aprendió nuevas “materias”, sobre autoridad, paciencia, búsqueda de Dios y seguramente perfeccionó el idioma del pueblo egipcio que más adelante necesitaría para liderar esa nación y cumplir los sueños de Dios.

¡Sueña! conquista eso que Dios ha pensado para ti. Cumple tu propósito y que este año que comienza, hables de tus sueños. Piérdele el miedo al “mal de ojo” (eso no existe), al fracaso, al “qué dirán” y enfócate. Aprende en cada etapa del proceso, sabiendo que ese escalón es necesario para llegar al lugar soñado.

 

Oración: ¿Qué sueños he enterrado? ¿Quizá por incredulidad? ¿Por miedo? Señor, dame la fuerza y la valentía de reconocer tus sueños, y abrazándolos nuevamente, comprometerme con ellos y hacer todo lo necesario para hacerlos realidad ¡Te nombro mi guía de cabecera para saber por dónde y cómo debo empezar!

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