LA MUJER DEL FLUJO

Gina Díaz

Pastora

“Y una mujer que había tenido flujo de sangre por doce años, y había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado; cuando oyó hablar de Jesús, se llegó a Él por detrás entre la multitud y tocó su manto. Porque decía: Si tan sólo toco sus ropas, sanaré. Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su aflicción”. Marcos 5:25-29

Al hablar de este pasaje notamos que hay algo más profundo en este milagro. La mujer del flujo de sangre era una persona desconocida; las Escrituras no hacen referencia a su nombre, no describe si era joven o estaba en edad adulta; si analizamos su forma de actuar podríamos pensar que era una mujer tímida o temerosa, al punto de no pedir directamente su milagro a Jesús. Por otra parte, vemos una fe tan poderosa que la llevó a creer que, si lograba tocar el borde del manto de Jesús, sería sana.


Lo que realmente este acto demuestra es que la mujer del flujo de sangre, buscó el momento preciso para acercarse a Jesús. Ella no se dejó inhabilitar por su enfermedad; a pesar de gastar todo lo que tenía visitando médicos, en medio de su desesperación, escuchó hablar de Jesús, y fue en busca de su milagro. Sin duda alguna, esta mujer fue movida por un fuerte deseo de conquistar su sanidad, no se dio por vencida, nada pudo más que su determinación. 


Hoy te invito a ir tras el sueño que ha estado en tu corazón por tanto tiempo.

¡No te rindas!  


Oración: Señor guíame a ver mis obstáculos como una oportunidad para alcanzar lo que pensé que era inalcanzable.

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