La mujer samaritana

Raphaella Pineda

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“…porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”.  Juan 4:18 

Cuando pensamos en conquistadores, consideramos a esas personas famosas o conocidas. La verdad es que “conquistar” tiene que ver más con perspectiva que con él "tamaño del logro". Hoy quiero resaltar a la mujer Samaritana. Esa mujer a quien Jesús encontró en el pozo de Jacob, y le pidió de beber. En un intercambio de palabras, Jesús le preguntó sobre su esposo, conociendo de antemano, que ella había tenido 5 maridos y que el hombre con quien ella vivía, no era su esposo. Sin embargo, Jesús le ofreció de su agua viva, que saciaría su necesidad. En ese momento ella vio algo diferente en el Maestro. Cualquiera en su lugar, se hubiese ofendido al verse “expuesto”, ventilando asuntos vergonzosos, Pero en ese encuentro con Jesús, ella tenía que escoger: ¿o se enojaba y se ofendía con Jesús por haberla expuesto, o veía el amor y la gracia que Él le estaba extendiendo? Al final de la historia, esa misma mujer después de su diálogo con Jesús, compartió su testimonio con el resto de Samaria y multitudes creyeron y pudieron tener un mismo encuentro con Jesús. Sin importarle los prejuicios existentes entre samaritanos y judíos, ella escogió a Jesús por encima de cualquier ofensa, vergüenza, o dolor; se convirtió en una conquistadora. Puede ser que en este momento estés ofendido y herido con alguien, con culpa o vergüenza. Sea tu pasado o tu presente, el perdón y el amor de Dios es nuestra puerta hacia la libertad. Es imposible aferrarse a las promesas de Dios y a la ofensa también. Lo que nos hace conquistadores es superar la barrera de la ofensa y conocer el amor y la misericordia de Dios. En tu oración, pídele al Espíritu Santo que te revele qué cosas necesitas perdonar o cuáles ofensas necesitas dejar ir para recibir todo lo que Dios tiene para ti. Oración: Dime la verdad Señor. Quizá hay asuntos que, al encontrarlos, me van a hacer sentir mal, pero usaré ese sentimiento, para ponerme de acuerdo contigo y aceptando tus segundas oportunidades, ser libre y levantarme. Recibo tu perdón, gracias porque es tu gracia la que me permite acceder a ti, a lo nuevo. Quiero dejar de ser un mendigo de amor. Tu amor es suficiente y sacia mi sed.

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