PEDRO

Hollman Castro

Pastor

Jesús predice la negación de Pedro

“—Esta misma noche —les dijo Jesús— todos ustedes me abandonarán, porque está escrito:

“Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero, después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea».—Aunque todos te abandonen —declaró Pedro—, yo jamás lo haré.

—Te aseguro —le contestó Jesús— que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me negarás tres veces. —Aunque tenga que morir contigo —insistió Pedro—, jamás te negaré.

Y los demás discípulos dijeron lo mismo”. Mateo 26:31-35 Nueva Versión Internacional (NVI)

 

En esta escena que ha sido considerada a lo largo de los años como una de las más impensables de la historia, Pedro reniega de su Señor, no una vez, ni dos, sino tres veces.

¿Te has preguntado alguna vez qué pensaría Pedro después de negarlo por vez primera? ¿Miraría a su alrededor con la esperanza de que ninguno de sus amigos lo hubiese oído mentir? ¿Se prometería a sí mismo que aquello nunca volvería a ocurrir?

Sin embargo, negó conocer al Señor dos veces más. La tercera y última negación fue diferente a las otras; fue más enérgica, vino acompañada por el canto de un gallo y por una mirada de Jesús. Desde ambos extremos del patio, las miradas de aquellos dos hombres se encontraron. Aunque es probable que Jesús solo mirara a Pedro por un instante, fue suficiente para que el mundo de Pedro se derrumbara por completo. En esos momentos, no solo vio la emoción que había en los ojos de Jesús, sino que también sintió convicción sobre la gravedad de su pecado. Sobrecogido por la angustia, se alejó de la multitud, salió del patio y “lloró amargamente”.

¿Te has encontrado alguna vez cometiendo un pecado que te creías incapaz? ¿Has pecado de tal manera, que crees que delante de Dios es un asunto imperdonable? Permite que la historia de Pedro te sirva de guía en tu reacción ante esos pecados. El proceso del perdón comienza cuando nos damos cuenta de que hemos pecado y confesamos el asunto delante de Dios.

Jesús no se limitó a perdonar a Pedro, sino que lo siguió utilizando grandemente (Juan 21:15-19, Hechos 2:14-41) .

Todos somos culpables por haber pecado contra Dios, pero eso no nos hace menos dignos ante Él. Dios envió a su hijo Jesús a la tierra para que muriera y resucitara, de tal forma que el pecado ya no tuviera poder alguno sobre nosotros. No hay pecado que sea capaz de destruir el amor que Dios nos tiene, o su anhelo de que nos volvamos a Él arrrepentidos. Pedro al hacerlo, fue el héroe (conquistador) que Dios usó para fundar su iglesia de la cual tú y yo hoy somos parte.

 

Oracion: Señor ayúdame a tener el valor de Pedro (el conquistador del cambio y de la aceptación)

 y a entender que tu amor es incondicional y que mis pecados de ayer, de hoy y mañana han sido perdonados y que por ello, puedo conquistar todas tus promesas. Amén

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