Sara

Maribel Castro

Pastora

“Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escaso; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas”. Isaías 54:2

Este versículo nos invita a ir más allá de nuestros límites y al pensar en esto, llegamos a la conclusión de que podemos experimentarlos en nuestro cuerpo, equivalentes a una enfermedad; en nuestra vida diaria, como lo son esas situaciones adversas que se presentan y nos impiden avanzar o límites que son producto de nuestra mente (no necesariamente reales) pero que, igualmente, tienen la capacidad de paralizarnos. Sara, la esposa de Abraham era estéril, no había concebido hijos y se encontró ante un desafío cuando Dios le prometió un hijo, siendo ella una mujer de 99 años y su esposo Abraham de 100 ¡Qué limitación física tan grande! Al pensar en dos ancianos de 100 años teniendo un hijo, diríamos que es imposible y totalmente absurdo.

Sin embargo, Dios le contestó a Abraham ante su asombro en Génesis 18:14 “¿Habrá algo imposible para Dios?” Hoy el reto consiste en que te despojes de tus miedos. Si has dejado que tu visión caduque por tu edad, limitaciones físicas, desánimo, pereza, desesperanza, porque tu fe está sin pasión, o simplemente porque no tienes fuerzas, Dios te dice “No mires tu condición, solamente cree, emprende y conquista”. Para Sara era imposible concebir, pero Hebreos 11:11 dice que “Por la fe, la misma Sara, siendo estéril recibió la fuerza para concebir; y dio a luz aún fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido”. Las promesas de Dios siguen vigentes en tu vida sin importar las circunstancias. Él ha prometido bendecirte y darte las fuerzas del búfalo ¿Le crees? Despójate de toda limitación, pelea la buena batalla y gobierna sobre el territorio que tienes delante de tus ojos.

 

Recuerda ¡Nunca es tarde!

 

Oración: Gracias porque eres el Dios de lo imposible, porque estás por encima de las probabilidades y porque no te olvidas de tus promesas. Ayúdame a creer, y a entender que la visión será tan “alcanzable” como fuerte sea mi fe. Amén.

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