El secreto de la violencia

El término «violencia espiritual» captura la intensidad con la que la generación de los últimos días  buscará a Dios. Buscarán a Dios con todo su ser, negándose a sí mismos y dejando todos los  enredos del pecado para poder correr la carrera con pasión, pureza y perseverancia. «El reino de los  cielos ha venido avanzando …

Play Video

Versión de solo audio:

El término «violencia espiritual» captura la intensidad con la que la generación de los últimos días  buscará a Dios. Buscarán a Dios con todo su ser, negándose a sí mismos y dejando todos los  enredos del pecado para poder correr la carrera con pasión, pureza y perseverancia. «El reino de los  cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse  él» (Mateo 11: 12). 

La fe genuina busca a Dios sinceramente. «En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que  cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo  buscan» (Hebreos 11: 6). La verdadera fe comprende no solo que Dios existe, sino que nos  recompensa de acuerdo con la intensidad de nuestra búsqueda de él. Los buscadores de Dios  revelan su fe por la manera en que corren. Los hombres de fe no pueden ser distraídos o desviados  de sus objetivos porque creen firmemente que Dios va a recompensar su búsqueda. ¡Y tienen razón!  La violencia espiritual comienza en el lugar secreto. 

Dios nos ha dado una disciplina que es un don extraordinario, una poderosa herramienta designada  providencialmente por él para intensificar la violencia de nuestra búsqueda. Estoy hablando del  ayuno. El ayuno, combinado con la oración, es una de las maneras más directas y edificantes de  acelerar el ritmo de su carrera, especialmente, si se está sintiendo un poco perezoso en su espíritu.  Para aquellos comprometidos en la exploración de la violencia espiritual, el ayuno es un amigo de  verdad.  

¡Persiga a Dios! Nadie más puede estorbar su carrera. No importa que otras personas no puedan  reconocer su ministerio, ¡busque a Dios! Los coros de los santos están alentándolo desde las  gradas del cielo. Están clamando: «Terminamos la travesía por la gracia de Dios, ¡tú puedes  también!».  

«Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos,  despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con  perseverancia la carrera que tenemos por delante» (Hebreos 12: 1).

Comparte esta enseñanza

Otras enseñanzas

53

Edwin Castro