El secreto de la puerta cerrada

“Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.” —Mateo 6:6 NVI Cuando entra a su cuarto y cierra su puerta, está en la presencia del Padre. …

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“Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.” —Mateo 6:6 NVI


Cuando entra a su cuarto y cierra su puerta, está en la presencia del Padre. ¡Instantáneamente! No importa cómo se sienta.

El lugar secreto es su portal al trono, el lugar donde disfruta del mismísimo cielo.

“»Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y
azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato
que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, soplaron los vientos y azotaron aquella casa. Esta se derrumbó, y grande fue su ruina».” —Mateo 7:24-27 NVI

Uno de los elementos esenciales de esos cimientos es tener intacta la vida secreta con Dios. Aquellos que escuchan esta palabra y la ponen por obra no solo disfrutarán la intimidad con el Padre diariamente, sino también, estarán equipados para soportar las mayores tormentas, sea que se originen en la furia del infierno, en las distracciones del mundo o en las compuertas de las bendiciones del cielo.

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