El secreto de la terapia radiante

Todos nosotros luchamos para vencer el pecado. La Biblia describe esta batalla como «la lucha que  ustedes libran contra el pecado» (Hebreos 12: 4). Algunos pelean más que otros. En parte, porque la  historia de su vida mundana provocó que este se enraizara más profundamente en su ser.  … un secreto para vencer el pecado …

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Todos nosotros luchamos para vencer el pecado. La Biblia describe esta batalla como «la lucha que  ustedes libran contra el pecado» (Hebreos 12: 4). Algunos pelean más que otros. En parte, porque la  historia de su vida mundana provocó que este se enraizara más profundamente en su ser. 

… un secreto para vencer el pecado que, a veces, es pasado por alto u olvidado. Lo llamo  «exponiéndose a la radiación de la presencia y de la palabra de Dios». 

El pecado es como el cáncer; la presencia de Dios es como la radiación sobre ese cáncer. Cuanto  más está en su presencia, empapándose de su palabra y disfrutando de su amor, mayor poder está  ingiriendo en cada fibra de su ser. La única manera en que cambiamos es cuando nos acercamos al  Señor. 

Alejarnos del Señor siempre produce una regresión espiritual; aproximarnos, siempre produce una  progresión espiritual. El propósito de las voces de condenación es el de alejarlo de su presencia,  que es la verdadera fuente de su victoria. El propósito de la voz de convicción es presionarlo hacia  el rostro de Cristo. Usted puede distinguir entre condenación y convicción al considerar en qué  dirección la voz lo está aguijoneando, hacia el Señor o alejándolo de él. 

Este era un modelo sin esperanza que Dios tenía que remediar, y la única solución fue la cruz de  Cristo. Ahora, a través de la sangre de la cruz, el hombre pecador puede entrar a la presencia del  Dios santo de inmediato y exponerse a la gloria que lo cambiará. ¡Cuando nos rendimos a esta  gloria, somos cambiados a la imagen de la gloria de Cristo! La parte asombrosa es esta: que, más  allá de nuestras debilidades, fracasos y pecados, ¡ahora podemos entrar de inmediato en la  presencia del Santo! Solo un tonto descuidaría o evitaría este lugar de transformación gloriosa y de  agradable intimidad. 

Todo dentro de nosotros cambia, cuando tocamos la gloria radiante que emana de Su rostro. «El  Señor es sol» (Salmo 84: 11). El sol provee calor, luz, energía y rayos ultravioleta, radiación. Cuando  nos exponemos al sol de Su semblante, la radiación de su gloria ataca esas iniquidades cancerosas  que solemos sentir que no podemos vencer por completo. El tiempo en su presencia probablemente  es el procedimiento más potente para tratar con las cuestiones crónicas del pecado que nos afligen. 

El secreto es simple: largas porciones de tiempo en la presencia de Dios, amándolo y absorbiendo  Su palabra. 

Un pensamiento más, y este capítulo quedará listo. Cuando Moisés está en la montaña durante  ochenta días, con Dios, en la inmediatez del gran esplendor de Dios, la única explicación razonable  para no morir por la exposición a la radiación es sugerir que Dios retuvo el poder completo de su  gloria ante Moisés. Sin embargo, la historia también sugiere que Dios ayudó a Moisés a «desarrollar»  una habilidad para soportar tan tremenda muestra de gloria. El principio es este: Cuanto más tiempo  usted pasa en su presencia, mayor es su tolerancia a sus manifestaciones. 

Aquellos que se exponen a grandes cantidades de la radiación de la gloria de Dios se convierten en  candidatos para una mayor gloria. «De gloria en gloria».

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