El secreto del arrepentimiento rápido

Ocho veces, las Escrituras nos mandan: “Tengan, pues, cuidado” (Éxodo 19:12; Deuteronomio 4:23; 11:16; Jeremías 17:21; Lucas 17:3; 21:34; Hechos 5:35; 20:28). Jesús, en dos ocasiones, es el que menciona estas palabras. La oración es la calibración constante del alma. Es un estilo de vida que consiste en detenerse y realizar un sincero inventario espiritual. …

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Ocho veces, las Escrituras nos mandan: “Tengan, pues, cuidado” (Éxodo 19:12; Deuteronomio 4:23; 11:16; Jeremías 17:21; Lucas 17:3; 21:34; Hechos 5:35; 20:28). Jesús, en dos ocasiones, es el que menciona estas palabras. La oración es la calibración constante del alma. Es un estilo de vida que consiste en detenerse y realizar un sincero inventario espiritual.

Es en el lugar secreto donde encuentro que “mi espíritu meta e inquiere” (Salmo 77:6). Deseo tanto agradarle y conocer Su voluntad, que mi espíritu, diligentemente, busca en lo más recóndito de mi corazón para ver si hay algo en mí, de lo que necesito arrepentirme.

He aquí un excelente consejo: Conviértase en un buen arrepentido. La única manera de avanzar en Dios es a través del arrepentimiento. Si su orgullo se lo impide, sobrepóngase. Estoy tan atado a mis perspectivas terrenales que soy casi inconsciente de la dimensión de la gloria en la que Jesús vive. Puedo afirmar con seguridad que, separado de la gracia de Dios, nunca puedo alcanzar la excelencia de Su gloria. ¿Necesito arrepentirme continuamente? ¡Acertó! Amado, oro para que pueda obtener el secreto del arrepentimiento radical y rápido. Este abre los canales a la íntima comunión con Dios.

Cuando hablo de arrepentimiento en este capítulo, no me refiero a pecados como la mentira, la fornicación, el robo, las maldiciones, la pornografía, el odio, las borracheras o el no diezmar. Estos son tan obvios que ni siquiera necesitas la convicción del Espíritu Santo para saber que estás en desobediencia. La palabra de Dios en relación a esos pecados es evidentemente clara. La sinceridad y una conciencia limpia ni siquiera se asoman hasta que no tratamos con esa clase de pecados evidentes. No, no estoy hablando sobre pecados obvios, sino de arrepentirnos de nuestras iniquidades. Ellas son las faltas ocultas que no vemos, los residuos malvados de nuestra naturaleza caída que destiñe la estructura de nuestros pensamientos, motivos, sentimientos, reacciones y deseos. Están envueltas en muchas áreas sutiles de la pecaminosidad, como el orgullo, la rebelión, la incredulidad, la envidia, el egoísmo, la ambición y la codicia.

La palabra de Dios dice en 2 Timoteo 2:19-21: “19 A pesar de todo, el fundamento de Dios es sólido y se mantiene firme, pues está sellado con esta inscripción: «El Señor conoce a los suyos», y esta otra: «Que se aparte de la maldad todo el que invoca el nombre del Señor». 20 En una casa grande no sólo hay vasos de oro y de plata sino también de madera y de barro, unos para los usos más nobles y otros para los usos más bajos. 21 Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, *santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena.”

Pablo dice que la vida cristiana está fundada en dos poderosas realidades: Cristo nos conocer; y nos apartamos de la iniquidad, cuando la vemos. Al arrepentirnos de nuestras iniquidades, que el fuego trae a la superficie, estamos, realmente, comprando oro refinado en el fuego (Apocalipsis 3:18). Un modelo consistente de rápido arrepentimiento hará que nos volvamos un vaso de oro o de plata, útil a los nobles propósitos del Maestro. Los que se resisten a aquél no necesariamente pierden su salvación, pero no pasan de ser vasos de madera o de barro. La seguridad del pasaje anterior es clara: El arrepentimiento rápido de la iniquidad nos permitirá progresar hacia propósitos más nobles en la gran casa de Dios y profundizará nuestro entendimiento de la relación con él.

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